Aptitudes y actitudes clave para una mamá primeriza

Aviso antes de leer este post:

Si eres de las que juzgan, no sigas. Si eres de las que apoyan y acompañan, adelante, ¡te estaba esperando!

Ser o no ser, esa es la cuestión

Ser madre es una de esas cosas en la vida que muchas veces se dan por hecho sin pararse a pensar si es lo que realmente queremos y lo que verdaderamente implica. Y aun queriendo y deseándolo más que nada en el mundo no estamos preparadas para lo que es, al menos no desde el minuto cero, porque ser MADRE es lo más mayúsculo que he experimentado y que (estoy segura) experimentaré jamás.

Siempre tuve claro que quería ser madre. “Quiero 3 hijos” – he dicho siempre. “¡Qué bendita!” Pienso ahora que voy por el primero.

 ¡Ojo! Ser madre es lo más bonito que me ha pasado, y que espero que me vuelva a pasar porque no me planto con el primero (al menos eso quiero). No obstante, no es todo de color de rosa ni tan fácil como nos quieren hacer creer. 

La imagen de la maternidad está idealizada por culpa de que vivimos en una sociedad que no se permite el lujo de ser honesta. Por alguna razón disfrazamos las “imperfecciones” con el fin de aparentar una falsa realidad para ¿qué? Que alguien piense ¡oh, qué vida tan maravillosa tiene Fulanita o Menganita”.

En cualquier caso, en los sólo 5 meses que llevo de maternidad he aprendido más que en mis 34 años anteriores y allá van algunas de las cosas que he descubierto/reforzado en mí en mi escasa andadura como “mamá en prácticas”.

Siete capacidades, cualidades y sentimientos que he descubierto en mí y que están siendo clave como mamá primeriza

En primer lugar, el amor más incondicional, más puro, más sin filtros, más auténtico. Un amor que hace que te hace temblar de miedo y de emoción en cuestión de segundos. Un amor que nace mucho antes de conocer a esa personita que viene a revolucionar tu mundo y que te da a la par los momentos más duros pero también los más bonitos que existen.

En segundo lugar, la resistencia. No me planteé lo duro que sería dormir tan poco, o dicho de otro modo, dormir a trompicones. “Siestas” de 2 horas a lo sumo, por llamarlo de alguna manera, durante meses. 

Eso en parte se debe a la lactancia (ya hablaré sobre ello porque merece un capítulo aparte) pero como aperitivo diré que todas las mujeres del mundo mundial que quieren ser madre y dar el pecho (lo mejor que podrán dar jamás de ellas mismas) deben saber de antemano que es duro, que es el Dragón Khan de las emociones, que es agotador y que aún así merece la pena.

Es vivir en una resaca continua en la que no puedes bajar la guardia porque, por mucha ayuda que tengas, debes recuperarte, vivir y cuidarte a ti, al bebé y, por qué no decirlo, tu relación de pareja.

No es fácil encontrar el hueco y el equilibrio para todo y ahí es dónde quizás yo toqué fondo hasta que decidí que iba a llegar lo más lejos que pudiera sin ahogarme porque esta historia preciosa y apasionante acaba de empezar.

Soy una persona muy independiente acostumbrada a hacer millones de cosas cada día. A día de hoy no hago “nada” que no sea estar con mi bebé y normalmente, los pocos ratos que tengo los aprovecho para sentarme y tomarme un café y leer un artículo interesante o escribir algún párrafo como este. 

Podría dormir, en ocasiones lo hago, pero son ratos tan cortos que me pueden las ganas de recuperar un poco mi yo pre-mamá haciendo las cosas que me gusta hacer.

“Pequeños objetivos diarios, grandes metas”, ese es mi lema desde hace unas semanas y ¿sabéis qué? ¡Funciona! Nada como no querer abarcar demasiado para sentirme bien conmigo misma.

Me propuse no dejar de comenzar el día como solía hacerlo, seguir mi rutina de subir las persianas y dejar que el sol entre a raudales, lavarme la cara, ponerme mis cremas y desayunar. Y a día de hoy lo he conseguido. No es de la forma relajada y sosegada a la que estaba acostumbrada pero lo hago en compañía de la cosita más dulce y lo mejor es que creo que se ha acostumbrado a la rutina de mamá.

Quizás la fuerza vaya acompañada de la resistencia; la fuerza interior, la fuerza de querer ser y no sólo estar es la que hace que viva con sentido estos meses.

El primer mes es duro, no sólo físicamente, también y sobre todo anímicamente. Pasas de ser la embarazada a la que todo el mundo quiere mimar a ser la gran olvidada. Pasas a ser una persona cansada, con las hormonas revolucionadas y las emociones a flor de piel y con la energía al mínimo que debe dosificarla para cuidar de lo más valiosos y delicado que tiene entre manos, su bebé.

No es fácil. ¡Insisto! Es duro. Sin embargo, reconozco que a partir del tercer mes la fuerza empieza a reponerse, la energía también y en lugar de sobrevivir empiezas a vivir.

La vulnerabilidad es probablemente lo que más cuesta arriba se me hace hasta ahora porque ya no soy sólo yo. Debo ser por mí y por él. Ser madre es una responsabilidad tan inmensa que en ocasiones me planteo ¿seré capaz? ¿podré? 

Nadie nos enseña a ser madres, es la escuela de la vida la que te forma. No hay teoría, sólo practica. Es el aquí y el ahora a la hora de tomar decisiones o responder ante cualquier situación.

En momentos de duda intento relativizar y pensar que hay millones de madres en el mundo pero al fin y al cabo Marco sólo tiene una y no puede comparar y del mismo modo que él es el mejor para mí, yo soy y seré la mejor mamá para él.

El respeto a mí misma es uno de los grandes valores que me he propuesto reforzar cada día. No es que antes no me respetara, es que ahora me respeto más y me siento tremendamente orgullosa de lo que he sido capaz de hacer, de cómo voy superando baches y aprendiendo cada día.

El respeto también a la mujer que soy no sólo como madre. Respeto a lo que me gusta hacer y respeto a la vida que siempre he querido. Por eso, siempre que puedo, intento darme esos ratitos que me hacen conectar conmigo.

Una vez me dijeron que mi tiempo ya no es mío, y aunque tiene sentido, me niego a aceptarlo al 100%. ¡Claro que es mío! Y lo comparto con quien más quiero. No dispongo de él como disponía pero me permito mis ratitos y esos ratitos son muy sabrosos.

Y si en algo se gana siendo madre es en la creatividad porque te aseguro que te las tienes que ingeniar de mil maneras, cada día de una forma distinta, para hacer cosas tan básicas como desayunar, comer, cenar, ducharte… En el fondo, para mí ha sido un descubrimiento poder superarme… Ya me consideraba muy creativa y ahora aún lo soy más que antes. Eso sumado a la capacidad de gestión me hace lanzar un mensaje alto y claro: las madres somos un gran activo para cualquier empresa. Contamos con un “je ne sais quoi” innato que nos hace capaces de gestionar mil situaciones distintas, de manera eficaz en un tiempo récord, y lo mejor de todo en un orden de prioridad impecable.

Si a todo esto le sumas el humor con el que hay que tomarse la nueva situación redescubres un humor básico increíble que puede ser de los más sorprendente. Supongo que al final ese humor básico para llevar adelante los primeros meses es una herramienta imprescindible.

Y ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que absolutamente hasta la última pizca de cansancio compensa por 2000 cada sonrisa de mi persona preferida y merece la pena completamente.

Después de todo esto me encantará saber qué opinas de mi “apertura en canal”. Quizás después de leerme no vuelvas o, todo lo contrario, tiremos de un hilo común que nos une a muchas madres.

¿Me lo cuentas en un comentario?

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